XII Domingo del Tiempo Ordinario (MATEO 10, 26- 33 )

Nuestras fuerzas son las que son, pero ¿nuestros ideales? ¡Nuestros ideales son los mejores! En nuestra confianza en Dios está el secreto para llevarlos a cabo. El Señor va por delante. Poco nos importa que, en algunos países, la Iglesia tenga la fama que tiene o que, el Papa, Obispos y sacerdotes, sean constantemente presos del escarnio y de la burla. ¡Más le hicieron a Jesús Maestro! El Señor va por delante e, incluso en esas situaciones, se pondrá de nuestra parte aunque aparentemente creamos estar caminando solos.
La Nueva Evangelización, de la que tanto nos hablaba Juan Pablo II y a la que nos convoca también Benedicto XVI, empezará cuando el Evangelio, Jesucristo y la Iglesia misma, cuente con cristianos seguros de lo que llevan entre manos. Personas valientes que, allá donde se encuentren, sepan defender la causa de Jesús y se muestren como lo que son: como cristianos.
La Nueva Evangelización, y no nos escandalicemos, pasa por empezar desde cero a fraguar la vida de muchos cristianos que viven como si no lo fueran. A formar familias desde el Evangelio. A ocupar puestos de responsabilidad en la sociedad civil sin renunciar ni menospreciar los valores del cristianismo. Sólo entonces, cuando seamos templados, cuando lleguemos a ese grado de madurez, es cuando veremos y comprobaremos que el Señor va por delante. Porque Jesús, si viniera de nuevo, recogería aquel viejo proverbio: “las cosas claras y el chocolate espeso”. Aunque sienten mal las primeras o, el chocolate, a más de uno se le atragante.



