
También los gentiles son coherederos. De esta manera, la fiesta de la epifanía es también la fiesta de la catolicidad de la Iglesia de Cristo. Todos estamos llamados a formar parte del rebaño del único pastor, Cristo Jesús. Los católicos sabemos que somos hermanos de todas las personas del mundo, sin distinción de raza, ni de lengua, ni de color, ni de posición social. Nosotros queremos ser hermanos hasta de los que no quieran ser hermanos nuestros. Nuestras manos siempre estarán tendidas y nuestras puertas abiertas para que entre todo el que, con sincero corazón, busque la verdad y el verdadero rostro de Dios. Ser discípulo de Cristo es ser católico, es decir, ser universal, teniendo a Cristo como nuestro verdadero camino, verdad y vida.
La estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a posarse encima de donde estaba el niño. El mundo está lleno de pequeñas estrellas que quieren conducirnos hasta Dios. El problema es saber verlas y saber dejarse guiar por ellas. Herodes y los pontífices y los letrados del país no supieron ver la estrella que guiaba a los Magos porque tenían el corazón lleno de orgullo y los ojos sucios de ambición. San Agustín decía que a los ojos enfermos la luz les resultaba odiosa. Purifiquemos nuestro corazón y nuestra mirada, si de verdad queremos buscar y encontrar a Dios.






