
Cuando vemos el panorama del mundo (familias rotas, maltratos de mujeres y de hombres, niños que han perdido el brillo de sus ojos por trágicas separaciones matrimoniales) podemos llegar a concluir que no es posible convivir. Que es mejor entender el amor (que es muy distinto del placer) como algo eventual, pasajero.
En una ocasión, una pareja, fueron a formalizar sus papeles con el sacerdote y, para ello, llevaron a sus correspondientes testigos. Cual fue la sorpresa del cura cuando, al animarles y recordarles la fidelidad, uno de los testigos irrumpió: “bueno, padre, y si no siempre está la posibilidad de divorciarse ¿no?”. Y es que, la sociedad, nos mete como puede y a todas horas que, el convivir, es cosa de cuatro. En cambio, la realidad, es muy distinta. Nos encontramos con miles, con millones de matrimonios que teniendo como fundamento sólido el amor, lo defienden y lo guardan desde el perdón, la tolerancia, la acogida, la humildad y por supuesto con el resorte de la fe.
Es bueno recordar, que el amor humano, es un destello del AMOR DIVINO que baja del cielo. Si lo entendiésemos así, en multitud de ocasiones, cuando fallan algunas cosas, recurriríamos constantemente a ese maná de donde nació ese deseo de vivir y permanecer juntos hasta el final de la vida.
El gran desvelo de Dios, su gran anhelo (que los hombres convertimos en utopía) es que transformemos el mundo, nuestro entorno, nuestros lugares de trabajo en una inquebrantable familia. No faltarán las incomprensiones, las presiones, las burlas “mirad qué hacen esos”. Pero es que, lo distintivo del amor cristiano, no es ser aplaudido por el mundo sino que sea referencia para una sociedad que ha perdido el rumbo.
En estos días, aquí en España, saltaba una polémica a consecuencia de unas fotos de las hijas del Presidente de la Nación realizadas en su visita a Norte América. “Había que preservar la intimidad de dos menores”. Pero luego, la vara de medir, no es la misma para que, los menores, consulten a sus padres si desean abortar o no, o a la hora de valorar y preservar la vida de tantos inocentes que mueren antes de nacer.
A lo dicho. En la sociedad algo no funciona bien. Hemos perdido el norte. Y, cuando se pierde el norte, se establece un divorcio entre el bien común y las personas para irrumpir con fuerza el capricho, el todo vale….pagándolo siempre los más débiles.
Si Dios, que es amor, se manifiesta en diversas maneras a través de las personas, de los matrimonios, de una conciencia bien formada…..los cristianos tenemos como misión no romper, bajo ningún concepto, algunas reglas mínimas en nuestra convivencia. Entre otras cosas porque, unir, es difícil. Separar o romper, es cuestión de segundos.








