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V Domingo de Pascua (JUAN 13, 31-33a.34-35)

Publicado: Sábado, 01 de Mayo de 2010 11:49 por parroquiaabla en MISA
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Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros como yo os he amado. ¿Nuevo? Todos los judíos observantes habían aprendido desde niños que el amar al prójimo como a uno mismo era un precepto y una norma establecida por Yahvé (Lev. 19), el Dios único y soberano. ¿Es que podemos amar al prójimo más que a nosotros mismos, debieron pensar ahora los discípulos que escuchaban, boquiabiertos, estas extrañas palabras del maestro? Sí, el Maestro les había dicho ya en más de una ocasión que aprendieran a amar a los demás como él les amaba a ellos. ¿Es que su Maestro, Jesús de Nazaret, les amaba a ellos más que a sí mismo? Como ya os he amado... Y se lo decía precisamente ahora, cuando tenía el alma turbada y hablaba entre sollozos, cuando les hablaba con el corazón en la mano, como si presintiera que pronto lo iban a sacrificar, como a cordero inocente. Dios pronto me glorificará, decía. ¿Es que si sus enemigos al fin lo matan, su muerte va a ser una glorificación? Glorificación, ¿cómo y por qué? ¿Será que de la misma tumba los brazos poderosos de Dios lo llevan y lo eleva hasta el mismísimo cielo? Sí, seguramente eso es lo que él cree y lo que ha querido decirles en estos momentos que, para él y para todos nosotros, se presienten como tan lúgubres y angustiosos. Amar a los demás como él nos ha amado a nosotros tiene que querer decir amar a los demás más que a uno mismo, es decir, estar dispuesto a dar la vida por los demás, aunque estos <los demás> sean tus propios asesinos. ¿Seríamos nosotros capaces de hacer esto? Sí, es verdad que Pedro le ha dicho que sí, que él le defenderá a muerte, que está dispuesto a morir por él. Seguramente la mayor parte de nosotros pensamos ahora lo mismo que Pedro. Pero, si de verdad llega el caso, ¡Yahvé no lo quiera!, ¿seremos nosotros capaces, de verdad, de morir por él, de dar la vida por otro, de amar a los demás más que a nosotros mismos?

VIDEO EVANGELIO V DOMINGO DE PASCUA

Publicado: Sábado, 01 de Mayo de 2010 11:51 por parroquiaabla en MISA

CAMPAÑA A FAVOR DE LA VIDA

Publicado: Sábado, 01 de Mayo de 2010 12:23 por parroquiaabla en PARROQUIA
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En continuidad con la campaña realizada el año pasado “¿Y yo?...¡Protege mi vida!”, los carteles muestran la vida humana en sus primeros estadios. De este modo, se subraya la presencia en el vientre materno de un nuevo ser humano cuyo derecho a la vida debe ser reconocido y tutelado. Un bebé, en esta ocasión sostenido sobre las manos entrelazadas del padre y de la madre, vuelve a tomar la palabra y exclama: “¡Es mi vida!... Está en tus manos”.

La nueva ley del aborto, como han señalado los obispos, además de un serio retroceso en la protección legal de la vida de los que van a nacer, supone “un mayor abandono de las madres gestantes”. Por eso,  la Campaña ofrece un sitio web (www.conferenciaepiscopal.es/apoyoalavida) donde se puede encontrar abundante información sobre instituciones de ayuda para acoger las nuevas vidas humanas.

Ademas en este blog de la Parroquia podeís encontrar el enlace de la campaña "ES UN TU EN TI".

CLASES DE RELIGIÓN

Publicado: Sábado, 01 de Mayo de 2010 12:29 por parroquiaabla en PARROQUIA
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Comienza el periodo de matriculación en los centros de enseñanza de todo nuestro País, es por eso que desde la Parroquia os invitamos a que no descuideis esta parte de la formación integral de nuestros niños, jóvenes y adolescentes. Si eres catolico no olvides dar testimonio apuntando a tu hijo a clases de religión catolica y si eres Jóven ten en cuenta que el Señor te necesita para que le conozcas mejor.

CARTA DE NUESTRO OBISPO CON MOTIVO DEL DÍA DEL TRABAJO

Publicado: Sábado, 01 de Mayo de 2010 12:36 por parroquiaabla en PARROQUIA
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Queridos diocesanos:

 

El Día del Trabajo obliga a reflexionar sobre el significado y valor del trabajo como contribución del ser humano a su propia edificación y a la construcción de la sociedad. La fecha ha perdido la fuerza reivindicativa que el movimiento obrero le dio desde el siglo XIX a las postrimerías del siglo XX, convertida hoy en una jornada para la celebración y el descanso, a veces políticamente motivada por intereses ajenos.

La aguda crisis económica y social que están padeciendo las sociedades del bienestar, provocada por una descapitalización financiera generalizada y una caída alarmante del desempleo, le da a la jornada de este año un significado más acorde con sus orígenes. Todos hemos de reflexionar sobre el origen de esta crisis y de todos depende poner remedio a esta situación, que está gravando la vida familiar y social de los que tienen menos recursos y dependen del salario mensual difícilmente mantenido en valor; pero que grava sobre todo la vida personal y familiar de los que han perdido su empleo. En España las últimas cifras estadísticas conocidas colocan ya la tasa de desempleo en el 20%, que en Andalucía se remonta al 27 %, y los parados superan los 4.600.000.

La «Declaración» de los obispos del 9 de noviembre de 2009, apunta a las causas profundas de la crisis y a sus víctimas: la familia, tan escasamente protegida en España, muy por debajo de lo que hacen las grandes economías de la Unión Europea; los jóvenes, que se ven gravemente impedidos a la hora de fundar una familia; los pequeños y medianos empresarios, agricultores y ganaderos; y sobre todo, la población inmigrante.

La Iglesia no tiene soluciones técnicas, pero cuenta con la palabra de Dios, que ilumina el sentido trascendente de la vida humana fundada en la dignidad y los derechos de la persona humana, creada a imagen de Dios. Por eso, más allá de toda lógica mercantil, como observa Benedicto XVI al definir la verdadera identidad del «desarrollo humano integral», la moralidad pública se ha de regir por el criterio del bien común, principio rector de la vida social y pública, y “responsabilidad de toda la comunidad política” (Encíclica Caritas in veritate n. 36).

No deja de sorprender que todo el esfuerzo realizado por la sociedad, para sacar adelante la capitalización financiera que permitiera a los bancos disponer de crédito y capacidad de financiación de la empresa, con la consiguiente contribución a la generación de empleo, arroje en algunos casos ganancias cuantiosas, que, sin embargo, no podrán beneficiar a los trabajadores desempleados y a sus familias mientras no repercutan en la creación de empleo; siendo así que el saneamiento de los bancos está suponiendo un alto costo a toda la sociedad.

La doctrina social de la Iglesia enseña que el bien común es el bien mayor que se ha de anteponer a los intereses de todos los sectores sociales, incluido el beneficio que de una situación en crisis puedan sacar las corporaciones políticas y los gremios sindicales. Una politización de la crisis que se niegue a ignorar sus causas profundas es algo contrario al bien común. Hay que añadir además que también las agrupaciones de los trabajadores, sin desviarse de sus propios fines, están llamadas a contribuir al afianzamiento del bien común como criterio de la acción sindical, hoy en gran medida sostenida por el dinero público. Las organizaciones de los trabajadores no pueden ceder a la tentación de la burocratización, que se aleja de los objetivos y fines que dieron origen a los sindicatos, ni hacer del apoyo al poder político salvaguarda de los propios intereses de forma insolidaria. Cuando falta el trabajo, es la dignidad del hombre la que sale menospreciada y el progreso de la sociedad se colapsa. La crisis de empleo que padecemos tiene que hacer comprender a todos el envilecimiento que representa la promoción de una cultura en la que se hurta el compromiso del trabajo y se busca el enriquecimiento fácil corrompiendo el sistema de producción con fines primordialmente sociales y justa remuneración: el único que puede garantizar la estabilidad social y el progreso.

Juan Pablo II puso de relieve cómo el trabajo es un bien del hombre, “porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre»” (Encíclica Laborem exercens, 1981, n.9c). Cuando el trabajo se convierte en actividad clandestina pierde su dimensión social, la solidaridad humana que genera el trabajo, mediante el reparto de los bienes que produce, se oscurece. El trabajo clandestino pierde su dimensión social, porque sustrae sus beneficios a su participación solidaria por el cuerpo social, dejando sin garantía el bienestar de las sociedades socialmente avanzadas. Por esta razón, para salir al paso del desempleo, decía Juan Pablo II en la encíclica sobre el trabajo, que corresponde al “conjunto de las instancias a escala nacional e internacional responsables de todo el ordenamiento de la política laboral” que el Papa define como «empresarios indirectos», el deber de proveer una “coordinación justa y racional, en cuyo marco debe ser garantizada la iniciativa de las personas, de los grupos libres, de los centros y complejos locales de trabajo”; todo ello teniendo en cuenta el carácter personal y social del trabajo, siempre prioritario, y “las justas proporciones entre los diversos tipos de empleo”: algo que no resulta posible si no lleva aparejado “un adecuado sistema de instrucción y educación” (Laborem exercens, n.18). Un planteamiento de este género deja ver el verdadero significado del trabajo humanizador para el desarrollo humano a la luz de la fe en Dios. Como dice Benedicto XVI, lo que permite hablar de verdadero desarrollo, y no sólo de incremento o evolución, es el destino trascendente del hombre (Caritas in veritate, 2009, n.29). Una cultura sin Dios deja el significado del trabajo humano sin verdadero calado humano.

Con mi afecto y bendición.

Almería, 1 de mayo de 2010

 + Adolfo González Montes

 Obispo de Almería

VI Domingo de Pascua (JUAN 14, 23-29)

Publicado: Viernes, 07 de Mayo de 2010 10:33 por parroquiaabla en MISA
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     El Espíritu es defensor, maestro, abogado, animador e iluminador de la fe de la Comunidad y de cada uno. El Espíritu nos enseña y recuerda todo lo dicho por Jesús (v. 26). Ésta es la gran tarea que Jesús le encomienda. Es fácil deducir que el creyente no está solo, no es un huérfano. Primero, porque el Padre no es Alguien lejano y distante; más bien, somos santuario y morada de Dios mismo: “vendremos a él y haremos morada en él” (v. 23). Esto lógicamente supone unas relaciones nuevas con Dios-Padre: no es posible vivir como si todo fuera como antes; desde Jesús, todo ha cambiado. ¡Cuánto nos cuesta entender a los creyentes esta novedad! ¡Cuán lejos está nuestra espiritualidad de cada día de esta inusitada novedad que se propone y a la que se nos convida! ¡No nos enteramos! Pero es que, además, la muerte de Jesús ha sido ocasión para ser llenados por la presencia viva del Espíritu, quien vive en nosotros, está en nosotros y nos enseña el arte de vivir en verdad. Por eso, el creyente vive animado por el Espíritu creador que hace nacer el gozo de la fe y vive desde esa convicción. ¡Quién sabe si la presencia del Espíritu forma parte o no de nuestro estilo de creyente! Posiblemente, el mejor regalo de Jesús, que es el Espíritu, sea el “Gran Desconocido” en la espiritualidad cristiana. ¡Qué pena! ¡Hemos rechazado el gran regalo de Jesús! Pero... sin ese Espíritu, estamos abocados al fracaso, achicados y encerrados en nuestros “castillos” de seguridad, pero perdiendo nuestra actitud de testigos “locos”, porque nos sentimos empujados por esa fuerza. De ahí que en momentos de crisis y de dificultad, nuestra tentación es aferrarnos a normas, a “defensas de la verdad” a toda costa y así aguantar el temporal. La consecuencia: perder prácticamente la novedad del Espíritu, de Jesús mismo. Sin embargo, Jesús nos alienta: con la paz viene la calma y el valor para afrontar las dificultades.

VIDEO EVANGELIO VI DOMINGO DE PASCUA

Publicado: Viernes, 07 de Mayo de 2010 10:39 por parroquiaabla en MISA

Publicado: Domingo, 30 de Mayo de 2010 10:35 por parroquiaabla en PARROQUIA
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