
Preparemos nuestro camino interior.
Resulta sorprendente que el «evangelio de Jesucristo» comience con las obras y palabras del Precursor. Son palabras tomadas del profeta Isaías. Una voz grita... ". Se está abriendo un camino para Dios, "preparad un camino al Señor.... que los valles...”. ¡Dios viene! Hoy se me invita a "preparar", a "abrir" un camino para El... en las tierras áridas de la estepa... con grandes esfuerzos, ¡desplazando los montes si es preciso! ¿Cuáles son mis montañas, y las tuyas….? En el Bautista han ido a parar todas las palabras y promesas del Antiguo Testamento, que ahora alcanzarán en Jesucristo su última expresión y su cumplimiento. Hay una coherencia entre lo que dice Juan y lo que hace, entre su mensaje y su vida. Aparece en el desierto llevando una vida nada convencional; aparece solo frente a todo el pueblo. Así es el profeta. Y los que le escuchan deberán abandonar antes las ciudades y la tierra cultivada. Juan llama a penitencia, que quiere decir cambio de la mente y del corazón, del hombre y de su contorno cultural. El que hace penitencia se sumerge en el futuro de Dios, que esta viniendo, y deja atrás un hombre viejo y un mundo viejo.
¡Dios viene, quiere estar en medio de nosotros!
Juan bautiza con agua, es un bautismo de preparación y penitencia. Jesús, en cambio, bautizará “con Espíritu Santo”. El auténtico bautismo es el de Jesús, el que nos transforma interiormente y nos convierte en criaturas nuevas. Como dirá Jesús a Nicodemo “hay que nacer del agua y del Espíritu”. Pero hay otra diferencia: Juan era la voz, Jesucristo es la Palabra ¿Qué Palabra? San Agustín en el Sermón 288 nos lo explica: La Palabra tiene un gran valor, aun si no la acompaña la voz; la voz sin palabra es algo vacío. Así, pues, la palabra precede a mi voz y la palabra está en mí antes que la voz; en cambio, para que tú puedas comprender, llega antes la voz a tu oído, a fin de que la palabra se insinúe a tu mente. No hubieras podido conocer lo que había en mí antes de la voz, de no haber estado en ti después de emitida ella. Si Juan es la voz, Cristo la Palabra. Cristo existió antes que Juan, pero junto a Dios, y después de él, pero entre nosotros…"En el principio existía la Palabra, y la Palabra estaba en Dios, y la Palabra era Dios; ella estaba en el principio junto a Dios” (Jn 1,1-2)”.




















