
La viña del Señor es… Sí, acabamos de leer que “la viña del Señor es la casa de Israel; los hombres de Judá su plantel preferido”. Así lo dice el profeta Isaías en la primera lectura, en un bello canto de amor a la viña de su amigo, con palabras del salmo 79. También Jesús, en el evangelio de este domingo, lo repite en la bella parábola del propietario de la viña: El pueblo de Israel había sido el pueblo elegido por Yahvé para anunciar y proclamar su poder y su gloria ante todas las naciones, para predicar el monoteísmo ante los pueblos idólatras. Pero el pueblo de Israel fue infiel a su Señor; mató a los profetas que, en nombre de Dios, predicaban un camino de virtud y de santidad y terminó matando al propio Hijo que el mismo Padre les había enviado como camino, como verdad y como vida verdadera. Sí, hoy sería muy fácil hablar de la maldad del pueblo de Israel, de la maldad de sus gobernantes, y de su ingratitud para con un Dios que le había mimado y pretejido siempre. Pero nosotros hoy no hemos escuchado la palabra de Dios para pensar en los pecados de los demás. También podemos leer estas lecturas pensando que están dirigidas a cada uno de nosotros. La viña del Señor somos cada uno de nosotros, la viña del Señor eres tú. También a mí me ha elegido el Señor para manifestar su nombre y su gloria, también a mí me ha cuidado y, en más de una ocasión, me ha demostrado su amor y su perdón. La pregunta que yo debo hacerme cada día, en mi diario examen de conciencia, es esta: ¿estoy respondiendo yo con generosidad y con amor a la generosidad y al amor que Dios me ha dado? ¿Se verá obligado el Señor a retirarme su amor por mi continua falta de correspondencia y de fidelidad? No hagamos imposible en nosotros la manifestación del amor y de la misericordia de Dios.









