Los Mandamientos son 10, mejor dicho uno solo "Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo", o mejor "amaos unos a otros como yo os he
amado". ¿Por qué se ha dado tanta importancia al cumplimiento de las
normas cultuales? El culto, realizado con dignidad debe llevarnos a Dios y al
hermano, debe hacer que nuestro compromiso por el Reino sea cada vez mayor. El
cuto a Dios es necesario, pues con Él le agradecemos todo lo que nos regala
gratuitamente y, al mismo tiempo, fortalece nuestra fe y nuestra esperanza. La
liturgia es la celebración comunitaria del encuentro con Dios. San Agustín
afirma que, en contraposición a la vida presente, la liturgia no estaría ya
tejida ya por la exigencia o la necesidad, sino por la libertad de la ofrenda y
el don. No debemos "practicar" por obligación o por miedo a cometer pecado
mortal, sino por agradecimiento al amor de Dios. El Papa Benedicto XVI en su
libro "El espíritu de la liturgia" compara la liturgia con un juego que nos
libera y nos hace encontrarnos con nosotros mismos y con Dios, "la liturgia es
el despertar dentro de nosotros de la verdadera existencia como niño; la
apertura a esa comprometida grandeza que no termina de cumplirse totalmente en
la vida. Sería la forma visible de la esperanza, anticipo de la vida futura, de
la vida verdadera, que nos prepara para la vida real -la vida en la libertad, en
la inmediatez de Dios y en la apertura auténtica de unos a otros-. De este modo,
la liturgia imprimiría también a la vida cotidiana, aparentemente real, el signo
de la libertad, rompería las ligaduras y haría irrumpir el cielo en la
tierra"
Jesús relativiza la importancia del Templo como
"lugar de culto", señalando que la cuestión no es si en Jerusalén o en
Garizín, sino en el corazón y en la actitud que tenemos cuando damos culto a
Dios. Ya en el Antiguo Testamento Dios había dicho que quería misericordia y no
sacrificios. Por eso se atreve Jesús a decir que era capaz de destruir el Templo
y levantarlo en tres días. Hablar así para los judíos ortodoxos era una
blasfemia. Pero Él se refería al templo de su cuerpo, que iba a morir y
resucitar. Es un anticipo de la Pascua ya cercana, pues Jesús había tomado ya la
decisión de "subir a Jerusalén", donde estaba el centro de la religión judía.
Reflexionemos sobre nuestra forma personal de vivir la "religación con Dios" y
veamos si son adecuados los servicios religiosos que prestamos. Lo cultual es
necesario, pero una parroquia o cualquier comunidad cristiana debe ejercer
también el ministerio -servicio- del anuncio gozoso del Evangelio -catequesis- y
del amor gratuito a los necesitados -caridad-.¡Pobres cristianos seríamos si nos
quedamos sólo en lo cultual!.



































































































































¡TRES VECES SANTO, MI SEÑOR! 















